Fue una historia de amor. Todas esas mañanas en las que la ilusión de verte me llenaba más que el desayuno, todas esas tardes en las que parecía que contigo no me hacía falta ni oxígeno.
Fue una trilogía a la que intentamos añadirle un cuarto libro... Y el roce hace el cariño, y el cariño la complicidad. Con la inocencia del primer amor y la intensidad añadida, no faltaban ganas de construir un mundo juntos. Pero un día cualquiera, quién sabe por qué lo echamos todo a perder.
Y a pesar de cometer errores, perdonamos e intentamos olvidar.
Pero todos esos errores dejaron marca.
Y cuando los personajes cambian, la historia se modifica.
Y pasaron horas, días, meses hasta que aprendí, a base de preguntas que tan solo generaban más preguntas, que ni la vida ni el tiempo esperan a que decidas si estás reparado. La gente sigue caminando, los coches avanzan, y las agujas del reloj solo se paran cuando este se queda sin pilas...
Y en aquel montón de tierra donde se marchitó una flor, un día cualquiera, sin previo aviso,
aparece una nueva semilla, que abre un libro y al mojar la pluma en la tinta,
comienza una nueva historia.
Y al nacer la primera rosa, algo te llama y te dice:
¡Ey!, que todavía hay personas dispuestas a enamorarse de la magia de tu sonrisa...

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