martes, 26 de junio de 2012

Se puede vivir sin sentirse vivo.

Dame por muerta no cuando deje de respirar, sino cuando no pueda decir de qué color es el cielo, cuando dejes de oírme cantar por la calle. Cuando mis sueños no tengan alas y mis ojos no escondan ilusiones... 
Cuando deje de reír por tonterías, mi sonrisa se de la vuelta y al mirarme no encuentres aquel brillo lleno de vida  con el que te hablaba sin hablar. Cuando en medio de una tormenta no sea capaz de decir "tranquilo, el sol siempre vuelve a salir", cuando no pueda ver el color de las notas.
Dame por muerta el día que deje de escribir, el día en el que deje de hablarte de amor, de filosofía, de mis ganas excesivas de vivir y sentirme viva. El momento en el que me rinda, me olvide del significado de un "te quiero" y pierda las ganas de intentarlo. 
El instante en el que me deje de gustar la música. 
Cuando se me acaben las palabras, y no me queden fuerzas para crear nuevas. Cuando deje de creer que un nuevo día es como una hoja en blanco, y tan solo nos tenemos a nosotros mismos y a un lápiz para rellenarla. 
Si no me ves bailar, si no me ves intentar cambiar el mundo por mucho desgaste de energía en vano que parezca que es, si por más que te dejes la piel buscando no encuentras mis ganas de viajar, conocer y arriesgar, entonces dame por perdida. 
Y si algo espero, no es simplemente que ese día esté muy lejos de hoy, sino que si por razones que todavía no tienen causas específicas sucede, que tan solo me devuelva a la vida aquel que sea capaz de devolverle el brillo a mi mirada. Que me recuerde el color del cielo, de las notas...
 Que le devuelva el color a los días. Que me llene de ilusión, de historias para escribir, de ganas de vivir. Que me de la mano y me lleve a bailar. Que por mucha energía que cueste, no se rinda, no deje de intentar cambiar el mundo conmigo. 
Alguien, que me demuestre que los imposibles son posibles 
a veces.

miércoles, 20 de junio de 2012

La misma piel, pero no la misma cabeza.

Asimilar, admitir, aceptar... Las cosas cambian, los hechos nos hacen cambiar. Pasan los días, todo se acomoda. Se olvidan las dudas, y en cuanto parece superado, aparece una necesidad de gritarlo. Gritar, decirle al mundo, que la confusión se ha asentado en mi cabeza, que es difícil asegurar con la duda. Difícil decidirse, difícil dar el paso.
 ¿El paso a qué?.

Asimilar, que uno no deja de crecer, pues la vida no tiene un botón que dice "pausa". Y he dado por descartada la posibilidad de dejar mi mente en blanco, ya que parece ser que cuanto más lo intento, más lejos estoy de conseguirlo. 
Admitir, que la forma de mirar, de pensar, de reír, de soñar ya no es la misma. Que no se siente lo mismo, que se tiene dudas en cuanto se habla de amor y sus variantes tan enloquecedoras. Que no se quiere lo mismo... O no se sabe lo que se quiere. 
Aceptar, que las cosas son como son, ni blancas ni negras, sino de millones de colores. ¿Y si los utilizamos para dibujar qué es lo que somos, en vez de intentar adivinar qué es lo que queremos ser?.

lunes, 11 de junio de 2012

Memorias del olvido


Me pasaron tantas cosas y no me acuerdo de nada,
sólo del viento y tus ojos, de llorar a carcajadas
No sé cuánto habrá pasado desde cuando te leía,
nunca quise darme cuenta que la idea no era mía
Hoy no es que rompa cadenas, sólo me doy por vencido
Y te perdono todo, por venir y haberte ido
Si la pena se supera, a mí me importa muy poco
No esperaba que así fuera, mi amor, si aún sueño que te toco...
No se dé un tiempo a esta parte,
no entiendo cómo pude desarmarme
Me sobraron tantas cosas que no pude darte a tiempo,
o tal vez nunca exististe, fuiste mi mejor invento
Hoy mis ojos no te ven, hoy mi boca no te nombra
Nadie sabe qué me hiciste, mi amor, sólo mi cuerpo y tu sombra...
No se dé un tiempo a esta parte,
no entiendo cómo pude desarmarme
No se dé un tiempo a esta parte,
no entiendo cómo pude desarmarme,
o cómo terminó.

Another day went away.

Déjame decirte que pasaba el tiempo, un día llovía y al siguiente había sol, y yo no me enteraba, porque mi noción del tiempo se desvaneció con las últimas palabras que dijiste aquella tarde de hace ya bastante tiempo. Y fíjate qué inocente era que pretendía arreglarlo todo con un beso, como si llevara magia, como si fuera capaz de hacer que cambiaras de opinión, como si fuera capaz de devolvernos la ilusión, las ganas, la vida.
  Déjame decirte, que daba vueltas en la cama, me enredaba entre las sábanas, me tapaba la cabeza con la almohada y no, no conseguía dejar de pensar.
 Desesperaba y esperaba. Tú vivías, yo luchaba por sentirme viva. Y fue como haber estado en una especie de coma, inconsciente pero respirando, cuando desperté con un recuerdo nublado de todo lo que había pasado. Por suerte, recuperé el aliento y emprendí viaje hacia quién sabe dónde. Caminé y caminé. Había piedras en el camino, gente que me recordaba tu nombre... Tropezaba, pero no caía. Y me pillaste desprevenida, descansando de tanto andar en un viejo banco de madera. Aprendiendo a querer otra vez, buscando nuevos sueños. No seguiste caminando, sino que te sentaste a mi lado, y desde entonces que no sé si tiré todo el esfuerzo que hice por olvidarte, olvidar cómo era contigo. 
Por olvidarnos. Desde entonces no sé lo que es blanco y lo que es negro, porque he conocido el gris. Y si me quedo callada, es porque tu tono de voz duele. Si no respondo, es porque espero que en vez de preguntas, me des respuestas. 
Si no te miro, es porque me da miedo no encontrarte, o encontrarte y perderte. 
Me da miedo, que a la mínima te desvanezcas como aquellas palabras que ya mencioné antes, por lo que prefiero el silencio a arriesgarme y decirte que sigo sin entender el porqué de tu forma tan agria de hablarme de vez en cuando. 


jueves, 7 de junio de 2012

Fue una historia de amor. Todas esas mañanas en las que la ilusión de verte me llenaba más que el desayuno, todas esas tardes en las que parecía que contigo no me hacía falta ni oxígeno.
 Fue una trilogía a la que intentamos añadirle un cuarto libro... Y el roce hace el cariño, y el cariño la complicidad. Con la inocencia del primer amor y la intensidad añadida, no faltaban ganas de construir un mundo juntos. Pero un día cualquiera, quién sabe por qué lo echamos todo a perder. 
Y a pesar de cometer errores, perdonamos e intentamos olvidar. 
Pero todos esos errores dejaron marca. 
Y cuando los personajes cambian, la historia se modifica.
    Y pasaron horas, días, meses hasta que aprendí, a base de preguntas que tan solo generaban más preguntas, que ni la vida ni el tiempo esperan a que decidas si estás reparado. La gente sigue caminando, los coches avanzan, y las agujas del reloj solo se paran cuando este se queda sin pilas... 
Y en aquel montón de tierra donde se marchitó una flor, un día cualquiera, sin previo aviso,
 aparece una nueva semilla, que abre un libro y al mojar la pluma en la tinta,
 comienza una nueva historia.
 Y al nacer la primera rosa, algo te llama y te dice: 
¡Ey!, que todavía hay personas dispuestas a enamorarse de la magia de tu sonrisa...



martes, 5 de junio de 2012

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.