Y cómo no, venían horas, y horas de películas, ¿te acuerdas de cómo gritaba con las de terror? pues he de admitir que sólo lo hacía para que me abrazaras. Sí, eras el único que tenía miedo. Yo sólo tenía ganas de ti. Nos hinchábamos de comida china, hasta que aparecían tus amigos "por accidente", y no me preguntes cómo, terminaban comiéndose los restos... Y me hacías sentir cómoda. Me hacías sentir tan bien... Hasta las veces que terminábamos jugando al escondite, ¿te acuerdas de cómo sabían los besos intentando disimular la respiración detrás de una cortina?. Dulces. Tan dulces como el helado que terminaba en tu nariz, pero no tanto como tu cara de asco... Sí, nunca te gustó el helado, me acuerdo muy bien.
Al volver, cogidos de la mano y con otra chaqueta tuya (esta vez más moderna y de color gris) y tu camiseta celeste, me mirabas y sin hablar me pedías que no me fuera, mientras yo con la misma mirada te pedía que no me dejaras ir. Y en un beso el tiempos se paraba para nosotros, pero el semáforo seguía cambiando una y otra vez de color. Me quitabas la chaqueta, la tirabas al suelo, y me decías que no podías dejarme ir así, que hacía frío... Y sin darnos cuenta, ya estábamos en tu casa otra vez.
El invierno acabó, y con él acabaron esas tardes. No me preguntes qué paso, ni yo lo sé bien. Si fui yo, si fuiste tú, eso ahora no importa. Pero fue verte, después de tanto tiempo, y aunque ya no tenías ni paraguas ni flor, correr como el primer día hacia tus brazos, perderme en ellos como solía hacerlo... Decirte sin hablar, que me has hecho mucha falta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.