miércoles, 9 de noviembre de 2011

Smile.

Duele. Duele dejar, duele perder... Duele ver cómo se va apagando el fuego y cómo se acaban las cerillas. Pero como todo en esta vida, pasa. Hay momentos en los que crees que no quedan razones, faltan ganas, sobran miedos... Momentos que desearíamos que nunca pasaran. Y sí, parece el fin del mundo. Sí, dejas de ver los colores, todo es gris... Te preguntas una y otra vez qué fue lo que pasó, dónde falló, y te pierdes en ese mar de dudas. Haces miles de cosas que no solías hacer para llamar la atención, crees que así estarás mejor cuando lo único que haces es hacerte más daño a ti mismo. 
Pero si algo he aprendido, es que no sirve de nada intentar volver a entrar a esa casa de la que te echaron, esa casa en ruinas que ya no tiene puertas, créeme, no sirve de nada buscarle las ventanas. Están cerradas. Aprendí que no somos el doble ni el triple, somos el cuádruple de fuertes de lo que pensamos. Que NUNCA hay que decir NUNCA. Que cueste creérselo o no, toda esa gente que dice que se pasará, que como hay uno hay un millón, tiene razón. Esos cristales en el suelo que pisas se volverán a juntar. Se trata de saber que se puede. Y ese día como muchos más, llega. Abres los ojos y ves, miras, observas... Hay tantas caras que siempre estuvieron ahí pero que nunca viste, hay tantas personas, tantas historias... Más de mil razones para ser feliz, para sentirse bien. Porque es ley de vida pasar por estas cosas, porque es ley de vida superarlas. Hay un mundo por descubrir...


 Diría que he vuelto a sonreír, pero en realidad nunca dejé de hacerlo.
 Diría que he vuelto a ser yo, pero en realidad nunca dejé de serlo.

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