sábado, 7 de mayo de 2011

Capítulo 2: Michael.

Se despertó con esa angustia que llevaba consigo desde hace ya una semana. Tokyo, Japón, ¿por qué tan lejos?. Seguía sin creérselo... No era tan fuerte para evitar pensar en los kilómetros que lo separaban de todo lo que tenía, lo que quería, de ella. Lentamente se fue levantando de la cama, a la vez que una lágrima se deslizaba lentamente por su mejilla. Ese miedo de no saber qué es lo que ella estaría haciendo ahora, que estaría sintiendo... ¿Sentiría lo mismo que él?, ¿Le echaría de menos?, preguntas que daban mil vueltas en su cabeza las 24 horas del día y lo único que hacían era llenarle de ansiedad, desesperación... ¿Y si había encontrado a otro? alguien que nunca se iría como hizo él, dejando una carta intentando explicar resumidamente todo, alguien que la quisiera como nadie la había querido nunca, aunque era imposible, nadie la querría como él, de eso si podía estar seguro.

Encendió el ordenador al mismo tiempo que una sensación le subía por los pies, recorriéndole todo el cuerpo y terminando en una lágrima más. Un mensaje. Le temblaba el pulso. Era de hace unos días y simplemente le preguntaba cómo estaba y qué tal la gente de Tokyo. Se odió por no saber qué responder. Tenía unas ganas tremendas de poder expresarse, contarle todo lo que le pasaba, pero no le salían las palabras y no sabía cómo se lo tomaría ella... Seguramente pensaría que era un idiota. De todas formas, Will le había escrito, y ese era motivo suficiente para sonreír aunque fuera un segundo, y también para sentir más la distancia que los separaba. Apartó un poco eso que le bloqueába al intentar escribirle y, con las manos sobre el teclado, tomó fuerzas y decidió responderle. "Will,  
me alegro de que me hayas escrito... Yo bien, me siento un poco extraño, ya sabes, tanto cambio... La gente de aquí es simpática, un poco cerrada, cada uno vive en su burbúja... ¿Qué hay de ti?, ¿cómo están Alex, Anne y los demás?. Espero tener noticias tuyas". Se paró. ¿Cómo se despidiría?, un simple "adiós" era muy vacío, y no podía ponerle lo que de verdad quería, porque ella no sabía lo enamorado que estaba él, ni lo mucho que le hacía falta. Se decidió por un "Cuídate mucho" y antes de enviarlo, a causa de un impulso, añadió un "Te extraño". "Muy bien, Michael, peor no puedes haber quedado" pensó e inmediatamente se tiró a la cama, apoyando la cabeza en las manos mientras pensaba en ella, sus rasgos de niña pequeña, tan dulces que le volvían loco... Esos ojos azules tan claros que nunca dejaban de brillarle, ese pelo rubio con esos rulos que le llegában por la cintura, esa sonrísa... "Podría haber escapado, haberle dicho todo lo que siento, arriesgarlo todo, estar en este mismo instante a su lado...". Con esos pensamientos se quedó dormido, le quedaban aún dos horas antes de que el despertador sonase, recordándole una vez más que tenía que levantarse para hacer algo con su vida.

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